Medimos antes de afirmar
«Hecho» quiere decir ejecutado y comprobado, no escrito. Si algo no se ha podido verificar, lo decimos y lo dejamos anotado como lo que es. Un informe en verde que nadie ha ejecutado es la forma más cara de ir mal.
Estudio de software · Barcelona
Hay trabajo que tu equipo repite cada semana: copiar datos de un sitio a otro, rehacer el mismo documento, perseguir por mensajería algo que ya estaba en un correo. Nosotros lo convertimos en una herramienta que lo hace sola, deja registro de lo que ha hecho, y sigue funcionando sin nosotros.
El cuello de botella casi nunca es el programa. Es el trasvase entre programas.
A casi ninguna empresa le falta software: le sobran herramientas que no se hablan entre sí. El pedido entra por correo, se apunta en una hoja de cálculo, se confirma por mensajería y acaba en una factura que alguien teclea otra vez. Cada salto es una persona copiando, y cada copia es una oportunidad de equivocarse.
Eso no se arregla comprando otra herramienta. Se arregla construyendo la pieza que falta en medio.
Tres formas de trabajar, y las tres empiezan mirando lo que ya hacéis.
Aplicaciones web para procesos que ningún producto de catálogo resuelve sin retorcerlo. Empezamos por la parte que más duele, la ponemos en producción, y desde ahí crece. Preferimos entregar algo pequeño que funcione en semanas antes que un plan de seis meses que nadie ha podido probar.
El trabajo que se repite cada semana con el mismo resultado es trabajo que puede hacer una máquina: pasar datos de un sitio a otro, generar un documento, avisar a quien tiene que firmar. Lo automatizamos dejando un registro de lo que ha hecho, porque una automatización que nadie puede auditar es un problema aplazado.
Construimos la pieza que falta en medio —una API, un intermediario, una sincronización— y la dejamos con su registro, sus reintentos y su aviso cuando algo se rompe, que es la parte que casi siempre falta. Sin eso, una integración no está terminada: está esperando a fallar un viernes.
Cuatro pasos, y en el segundo ya sabes si te merece la pena.
No hace falta decidir nada grande al principio. El compromiso crece solo cuando lo que se entregó funciona.
Qué se hace hoy a mano, cuántas veces por semana y quién lo hace. No necesitamos que sepas qué software quieres: para eso estamos.
Una conversación, sin compromisoPor escrito: qué se puede automatizar, qué no merece la pena tocar, en qué orden, y qué cambia para quien hoy lo hace a mano. A veces la respuesta es «déjalo como está», y también la decimos.
Con su presupuesto, antes de empezarPequeña, en producción y usada por alguien de verdad. No una maqueta: algo que quita trabajo desde el primer día y que se puede medir.
En semanas, no en mesesSi funciona, seguimos con lo siguiente. Si no, paras: el código, los datos y las cuentas son tuyos, con la documentación para que otro equipo continúe.
Cuando tú lo digasNo son valores de folleto: cada una nos ha costado un disgusto.
Son decisiones que tomamos todos los días, y las cuatro se pueden comprobar en lo que entregamos.
«Hecho» quiere decir ejecutado y comprobado, no escrito. Si algo no se ha podido verificar, lo decimos y lo dejamos anotado como lo que es. Un informe en verde que nadie ha ejecutado es la forma más cara de ir mal.
Lo que no hace falta guardar, no se guarda. Los datos personales se tratan con el plazo más corto que permita el trabajo, y lo que se conserva se publica por escrito con su motivo y su fecha de borrado.
Nuestras páginas no cargan rastreadores, tipografías remotas ni scripts de otros. Esta misma web no usa ni una cookie: no hay que avisar de nada porque no hay nada que avisar.
El código, los datos y las cuentas son del cliente. Documentamos cómo se despliega y cómo se arregla, para que otro equipo pueda continuarlo. No construimos dependencias, construimos herramientas.
No hace falta que te contemos cómo trabajamos: puedes abrirlo. Wall.it convierte lo que una persona lleva en la cartera —tarjetas de fidelización, membresías, entradas, códigos— en un pase firmado de Apple Wallet. Desde el navegador, con una foto, y sin instalar ninguna aplicación.
Lo construimos entero antes de venderlo, con el mismo listón que aplicamos a un encargo: la firma criptográfica de los pases es nuestra, la foto se borra después de leerla, y el flujo entero funciona incluso con el JavaScript desactivado.
Cifras de nuestro propio producto, medidas el 26 de octubre de 2026. No son una media del sector ni una estimación: salen de ejecutar la batería, y por eso llevan fecha.
Lo que querrías preguntar antes de escribir el primer correo.
Todavía no publicamos nombres. Garra Studio es un estudio joven, y el encargo de un cliente es suyo: no enseñamos la herramienta interna de nadie sin su permiso, y preferimos decirlo claro antes que llenar esta página de logotipos.
Lo que sí puedes mirar entero, sin registrarte y desde tu móvil, es Wall.it: está construido por nosotros de principio a fin, y es la forma más honesta que tenemos de enseñarte cómo trabajamos.
Depende del proceso, y por eso existe el segundo paso: primero te decimos qué haríamos y en qué orden, con su presupuesto por escrito, antes de empezar nada.
Si al mirarlo vemos que no sale a cuenta automatizarlo, te lo decimos. Es más barato para los dos que descubrirlo a mitad.
Sí: son las que más tiempo pierden en trasvases y las que menos equipo tienen para arreglarlo. No hace falta un departamento de informática para trabajar con nosotros; hace falta alguien que conozca el proceso y pueda contarlo.
Tuyo. El código, los datos y las cuentas de los servicios se quedan a tu nombre, y te entregamos la documentación de cómo se despliega y cómo se arregla.
No es un detalle legal: es la diferencia entre tener una herramienta y alquilarla. Una empresa que no puede cambiar de proveedor no ha comprado software, ha firmado una dependencia.
Es la pregunta correcta, y se contesta construyendo para que no importe: sin piezas propietarias, sobre tecnologías que conoce cualquier desarrollador, y con la documentación escrita para alguien que no estuvo allí.
Si un día nos cambias por otro equipo, queremos que ese equipo pueda seguir sin llamarnos.
Lo que no hace falta guardar, no se guarda. Cuando un proyecto trata datos personales, qué se conserva y durante cuánto se escribe desde el principio, no al final — y entra en el contrato, no en una conversación.
Puedes ver cómo lo hacemos con los nuestros en la política de privacidad de esta web.
Pequeño, y eso es una decisión.
Garra Studio nació en Barcelona en 2026. Somos un equipo reducido: quien atiende la primera llamada es quien escribe el código, no hay un comercial prometiendo lo que otro tendrá que construir, y no aceptamos más trabajo del que podemos entregar bien.
Trabajamos con pocos clientes a la vez y durante el tiempo que haga falta. Preferimos un encargo que entendemos a tres que no podemos atender.
Escríbenos contando el proceso, no el software.
Lo que más ayuda en el primer correo es qué se hace hoy a mano, cuántas veces por semana y quién lo hace. Con eso se puede decir en dos días si merece la pena automatizarlo o si la respuesta es «déjalo como está».
Contestamos en horario laboral de lunes a viernes. No usamos formularios en esta web: escribir al correo directamente deja la conversación en tu bandeja, no en una base de datos nuestra.
Si hay algo que automatizar, te lo decimos con un plan. Y si no lo hay, también: es la respuesta más barata que podemos darte.